MENU

by • 18 mayo, 2017 • BlogComments (0)220

La Última Llamada

Gabriel Gamar

“… pasajeros con destino a Uberlandia,

favor de pasar a la sala de abordaje,

ésta es la última llamada…”

Yo permanecía sentado en la sala de espera del aeropuerto de Brasilia, esperando el momento de abordar el avión que me llevaría a Uberlandia. Frente a mí se sentó una mujer muy joven, era casi una niña. Vestía una ropa negra, una falda larga y una blusa de encaje. Su pelo era largo y ondulado, peinado simétricamente con una raya en medio de la cabeza, y detenido por un broche blanco como de concha de mar.

El broche era lo único blanco, todo lo demás era negro: su pelo, sus cejas y sus ojos. Unos ojos vivos, de un brillo extrañamente luminoso. La joven mordía con nerviosismo una  a una las uñas de sus dedos. Al rato sacó de su bolso negro una muñequita de trapo que era su fiel retrato. La acariciaba con suavidad y ternura. Le sonreía y le platicaba con la mirada.

Abrieron una puerta de vidrio y una corriente de aire se coló hacia el interior de la sala de espera, provocando que su pelo se moviera volando como una parvada de palomas negras. Después, cuando cerraron la puerta, llegó el reposo y ella siguió acariciando a la muñeca de trapo.

Por unos instantes tuve la sensación de que la muñeca conversaba con la mujer y miré como movía sus pequeñas manos devolviéndole las caricias. Levanté la vista para contemplar detenidamente el rostro de la jovencita.

Su expresión tenía un encanto virginal impregnado de misticismo. Había un contraste encantador entre el color blanco de su piel y el negro de sus ojos y su pelo. Sus facciones delicadas y transparentes le daban un aire de irrealidad fantástica. En algún  momento llegué a confundirla con la muñeca misma. Y en forma intermitente las dos figuras se me confundían en un sólo ser. Muñeca y mujer eran un mismo personaje. No logré distinguir si la mujer se volvía muñeca o la muñeca mujer.

De pronto la sala se inundó de un sonido extraño. Era una especie de música sintética que se escuchó en el ambiente. Yo estaba extasiado con la música, cuando repentinamente un haz luminoso cubrió a las dos mujeres, envolviéndolas suavemente en su manto, desapareciendo al instante de mi vista. En unos segundos el sonido musical se dejó de escuchar y el haz luminoso se apagó. Mis ojos quedaron deslumbrados, como cuando uno transita de la luz brillante a la sombra.

Cuando recuperé la vista, únicamente pude ver a la muñeca de trapo sentada en el asiento, sola abandonada, después de que la joven, su dueña, se había elevado con la luz, desapareciendo para siempre en la lejanía. Busqué a mi alrededor a la misteriosa joven, pero me distrajo una voz que en ese momento salió de los altavoces:

“…pasajeros con destino a Uberlandia,

favor de abordar el avión,

esta es la última llamada…”

Artículos relacionados

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *