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by • 17 mayo, 2017 • BlogComments (0)206

La Mujer Sillón

Gabriel Gamar

Permanecerás sentada Señora, muy cuidadosa, peinando tu lindo pelo y embelleciendo tu rostro, pintando tus largas uñas y mirándote al espejo. Admirarás la belleza de tu rostro, de tus ojos, de tu cuerpo. Acariciarás tu piel y la sentirás suave, muy suave.

Permanecerás callada Señora, muy pensativa, posando tu hermoso cuerpo sobre el sofá rojo y terso. Tu ropa continuará ausente, mientras tu pelo y tus ojos se quedarán quietos, muy quietos, dibujados en el espejo.

Las paredes y los muebles seguirán en sus lugares conservando sus colores. Sólo estará ausente el gato que habrá salido de caza en busca de su alimento.

Pasarán horas más horas y tú permanecerás ahí, Señora. Siempre ahí, con la mente en blanco, pasiva y sin hacer ruido, envuelta en quietud y calma, contagiando a las cosas que se aburrirán por el abandono.

Pasarán horas más horas, y tanto habrás estado pasiva, que ya no tendrás en qué pensar. Y por esa inmovilidad, tu piel adquirirá textura de la tela del sofá que a diario te soporta.

Tus manos y tus pies tratarán de abandonarte. Los muebles se pondrán opacos de aburrimiento. La mesa de centro se peleará con el sillón, lo agarrará a puntapiés hasta romperse las patas quedando incrustada en él. Las velas del candelabro se apagarán aburridas por la ausencia de fantasmas, pues no habrá cajones que abrir ni cosas para alumbrarlas.

Así, pasarán horas más horas…

Y más tarde, regresará el gato gris después de su día de caza, se quedará asombrado y se asustará tanto al ver la transformación, que morirá de un infarto al huir de la habitación.

Llegará el experto en imágenes, un espejo de pared, a investigar los motivos de los cambios de tu piel.

Después, pasarán horas más horas y tú te volverás sillón, Señora…

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