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by • 18 mayo, 2017 • CuentosComments (1)159

La Fiesta de Anoche

Gabriel Gamar

Llego a mi casa después de un arduo día de trabajo.

Entro encendiendo las luces y subo la escalinata que conduce a mi recámara.

Como todos los días, pienso ponerme cómodo antes de bajar a la cocina a preparar mi cena.

El silencio en la casa es abrumador, aún no ha llegado nadie del resto de la familia, pues mis hermanos acostumbran regresar más tarde.

A medida que voy avanzando, me voy quitando el saco y aflojando la corbata.

Me detengo frente a la puerta de mi habitación, que curiosamente está cerrada.

Me gusta dejarla siempre abierta para que no huela a encierro y a humedad.

Después de dudar un poco, pensando en este detalle extraño, me decido por fin a abrirla.

Y cuando ya estoy con un paso adentro, un fuerte viento que entra por la ventana, cierra la puerta con violencia.

La ventana también es azotada por el viento sin misericordia alguna.

Y el cansancio que instantes antes me tenía abrumado, desaparece de pronto al encontrar ante mí un espectáculo jamás visto por mis ojos.

Mi portafolio cae al suelo, igual que mi saco y mis lentes.

Con las manos me tallo los ojos, que permanecen fijos y enormes al ver lo que sucede frente a ellos.

La lámpara está encendida iluminando el espectáculo, que simula una orgía romana de esas que ya no se estilan en la actualidad.

La colcha verde afelpada descubre lo que hay debajo cayendo sobre la alfombra y quedan las dos cara a cara intentando seducirse.

Y mientras ellas se besan apasionadamente, las sábanas blancas, aprovechando el descuido, se abrazan con las cortinas que aun así no pierden su caída.

La cobija y el colchón se encuentran en pleno idilio y la almohada con la funda se hacen el amor con furia.

De pronto, alguien más se une a la fiesta de tiernos enamorados, el teléfono se apresta a enlazarse al interpón y en menos de lo que imaginó ya están en pleno acto de amor.

Después, el reloj se detiene y la lámpara se ha apagado.

El cuarto queda en penumbra y ante mí no queda nada del festín.

Recojo del piso mi saco, mis lentes y el portafolio.

Enciendo la luz del techo y recupero el aliento, mirando todo el desorden, que han dejado los amigos que me acompañan a diario y que hoy les dio por el amor.

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One Response to La Fiesta de Anoche

  1. Gabriel dice:

    Sin café es imposible vivir…

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