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by • 19 mayo, 2017 • CuentosComments (0)165

El Retrato

Gabriel Gamar

Caminarás desesperada por la habitación polvosa.

Buscarás entre cajas y papeles viejos, la carta que nunca pretendí entregarte.

Te cansarás de tanta ineficacia.

Una lágrima recorrerá tu pálida mejilla.

Tomarás un pañuelo facial y enjugarás tus lágrimas.

Estrujarás el pañuelo y lo tirarás a un cesto de basura, donde intentarás también encontrar la carta perdida.

Te sentarás frente al tocador barroco, ese que hace tiempo no utilizas.

Abrirás uno de los cajones y lo encontrarás completamente vacío.

Tu mano se moverá con cautela hacia el cajón siguiente, que abrirás escuchando un rechinido que te anuncia la vejez y la falta de uso.

Ahí, dentro, encontrarás una cajetilla abierta de cigarrillos viejos con olor a soledad y a olvido.

Encenderás un cigarrillo y te lo llevarás a los labios.

Te sentarás en la silla de mimbre colocada en un rincón, a saborear el tabaco viejo convertido en humo.

Girarás la cabeza y me mirarás a los ojos, con una sonrisa triste, llena de nostalgia y melancolía dibujada en tu rostro.

Yo te miraré muy serio, como siempre acostumbraba hacerlo.

Se te nublarán los ojos y mi rostro desaparecerá por un instante de tu vista.

Al esfumarse el humo del cigarro, volveré a aparecer ante tus ojos.

Sin darte cuenta se extinguirá el cigarrillo entre tus dedos y lo soltarás al piso instintivamente.

Entonces recordarás el día en que te dije muy triste, que me alejaría de tu vida para no interponerme entre ustedes dos.

Pensarás cuán equivocada estabas y te arrepentirás por ello.

Como por arte de magia, te levantarás de la silla y te encaminarás hacia el ropero de enfrente.

Abrirás la puerta de espejo y sacarás una pequeña caja de madera.

Adentro de la caja encontrarás la carta…

Caminarás mentalmente sobre las palabras y recorrerás una a una cada línea.

Saltarás sin titubear hoja tras hoja y encontrarás la verdadera razón de mi suicidio.

Voltearás y me verás con disimulo y al mismo tiempo guardarás dentro del sobre,

la carta de mi adiós y de mi muerte.

Te volverás a sentar en la silla de mimbre y llorarás como nunca lo habías hecho.

Mientras tanto, yo te seguiré mirando, inmutable y sin reír desde el retrato…

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