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by • 10 mayo, 2017 • CuentosComments (0)160

Atrapado en Tu Recuerdo

Gabriel Gamar

¿Te acuerdas? ¿ Lo recuerdas? ¿Cuándo fue la primera vez que nos amamos?

No hay duda, siempre hay una primera vez. Nos conocimos ¡Vaya que nos conocimos!

Sin embargo, hoy siento que aún no te conozco del todo todavía, no como yo  quisiera. Para muchos es amor a primera vista, pero el nuestro fue distinto, fue amor a primera voz; desde que nos escuchamos por vez primera un hilo de comunicación se estableció entre los dos.

Y hoy, heme aquí atrapado en tu recuerdo, pensando en ti; escuchando tus latidos como si fuera ayer, como si fuera nuestra primera vez; envueltos en las sábanas, primero extendidas como una playa de arenas blancas, luego destendidas, revueltas y arrugadas como montañas caprichosas en la lejanía.

Coincidir, dice la canción, tanto mundo, tanto espacio y coincidir… Ciudades, distancias que nos alejan y sin embargo, ahí está el amor y aquí está todavía, no se ha marchado y creo, espero, no se irá, nunca se irá. Bueno, eso creo yo, eso es lo que yo quisiera. Pero ¿Qué piensas tú?

Voy por ti, me dijiste ¿Era una amenaza? ¿Era una advertencia?  No, creo que más que eso,  fue una premonición, que se ha ido  convirtiendo en una realidad cada vez que nos miramos, cada vez que nos encontramos y nos tomamos el uno al otro sin compasión, pero con pasión; con ternura, pero con fuerza como debe ser el amor. A veces unidos por la música que va desde “corro, vuelo y me acelero para estar contigo”, pasando por “huele a peligro”  y sin olvidarnos de pasar por “ coincidir”; y lecturas de poetas desconocidos, pero cuyos poemas son como espejos en los que se reflejan nuestras pasiones, las secretas y las ya no tan secretas.

No digas nada, no digamos nada, que nadie sepa lo que estamos pensando, lo que estamos sintiendo ¿Pero cómo guardar en secreto lo que  es tan obvio? Si  nuestras miradas nos delatan, si nuestros propios silencios nos hacen declararnos culpables ¿Culpables de qué? No lo sé, pero culpables. Si nuestras conversaciones en clave nos hacen decir lo que no queremos que se sepa. Si nuestros sueños, aquellos en los que nos encontramos, nos hacen hablar dormidos y desde entonces el sueño ha dejado de ser profundo, porque al primer suspiro, ahí estás tú y me levanto de madrugada a buscar tus ojos a tientas en la complicidad de la red y te escribo a las cuatro, a las seis, a cualquier hora de la madrugada y pienso que mis palabras te llegan al instante, que tus ojos me miran, que tus manos me tocan, que tu piel me siente, que tus labios me besan, que toda tú me amas. Que tu alma entera se pasea alrededor de mí antes de que amanezca y de pronto te miro como un fantasma revolviendo mis sábanas, con tu cabeza recostada sobre mi almohada y luego, al amanecer, miro tu cuerpo dibujado como “el breve espacio en que no estás” y luego tu silueta se pierde detrás de las cortinas, atravesando los muros de tu cuarto y de mi cuarto, y después nuestros cuerpos que se encuentran, chocan, se compenetran, se unen y se funden en uno, el tuyo y el mío; tú en mí y yo en ti, y somos cada vez nuestra primera vez, nunca la última, siempre la primera vez. Después llega el adiós, el inevitable adiós… nos separamos y, en un decir  y cerrar de boca, escucho tu voz en el silencio, diciendo voy por ti amor, voy por ti… y mientras tanto, yo te espero aquí en la distancia, en esta distancia cruel, atrapado para siempre en tu recuerdo…

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